Como integrante de Morena, me he dado a la tarea, primero, de entender la filosofía, la política y la historia de nuestro movimiento, establecidas por las bases y los dirigentes del partido Movimiento de Regeneración Nacional.
Con ese conocimiento básico, me he dado a la tarea voluntaria de salir y hablar con la gente que me rodea: las personas con quienes tengo la oportunidad de interactuar en lo cotidiano compañeros de trabajo, amigos y conocidos y personas totalmente desconocidas con quienes compartimos una raíz común: el idioma español. A estas últimas las busco deliberadamente al acudir a tiendas, lugares de trabajo como construcciones y restaurantes, parques, fiestas u otros espacios de congregación.
Cuando uno se encuentra aquí, en EE. UU., con un hispano, en ocasiones surge instintivamente una empatía que invita a saludar e intercambiar, más allá de las frases del saludo, algunas preguntas y un genuino interés por saber más del interlocutor.
Estos encuentros fortuitos a veces dan la oportunidad de hablar con mucha sinceridad y de conocer a un paisano en estas tierras ajenas, con costumbres diferentes a las nuestras. A pesar de vivir aquí por muchos años, uno no acaba de integrarse a su cultura local. Uno sabe que no pertenece a esta sociedad, a sus comunidades ni a sus actividades culturales más íntimas. Como excusa personal, diría que uno se dedica al trabajo y, fuera de eso, lo demás pierde relevancia.
¿Qué actividades culturales?
Ver una obra de teatro, asistir a un concierto de música, participar en actividades deportivas y en torneos regionales. Pertenecer a algún círculo de lectura vecinal o de conocidos. Hablar de libros, de política o incluso de nuestras raíces ancestrales. Jugar en torneos de ajedrez, formar pequeños grupos musicales, cantar, danzar, pintar o leer poesía.
Esos temas son un lujo y están vedados para una clase social como la del trabajador que tiene la mirada puesta en la sobrevivencia y, sobre los hombros, la responsabilidad de ayudar a su familia al otro lado de la frontera. En muchas ocasiones se vive una vida de soledad durante años, hasta que se logra traer a la familia o se encuentra una pareja.
En mi experiencia en la concientización, he pasado por momentos de gran satisfacción cuando encuentro oídos dispuestos a escuchar mis palabras y las historias de la lucha por la transformación de nuestro país, México.
¿Ser concientizador es fácil?
Con la experiencia se van afinando los detalles de las relaciones con amigos, familiares, extraños, manipulados y hasta con la oposición. Sin embargo, para que esta actividad tenga impacto en los interlocutores, es necesario ser sinceros y tener conocimientos de teoría política e historia.
La lectura siempre ayuda. Es más, no leer un solo libro al año resulta contraproducente: afecta negativamente tu interacción con los demás congéneres y tu objetivo de transmitir un conocimiento de la realidad política. Ubicar a tu enemigo histórico: "La Super Estructura". Tenerlo presente en tu visión política. Para mí es fundamental entender las estructuras de poder que históricamente han sostenido la desigualdad y cómo influyen en lo que escuchamos y pensamos. Si no afianzas tu posición en el universo político y en otras áreas de la ciencia, lo más lógico es que te pierdas en un mar de desinformación y manipulación mediática.
Hay tantos manipulados y manipuladores por todos lados que uno los ve venir a leguas de distancia.
El sistema solo les enseña a rebuznar y a tirar patadas. Enfocados en el “corto plazo”. El rebuznido es muy característico. Si refutas su cantaleta, cuidado, porque detrás vienen las patadas.
En mi localidad hay ejemplos: todos se manejan con la misma tonada; no inventan ni son creativos. La mediocridad por delante.
El locutor y su experto, “el periodista”, establecido en Nueva York, en Caracas, Venezuela, o en Bolivia: R. J. Cárdenas, M. Sánchez y F. Sergio. Cortoplacismo: Rocha Moya, cancelación de visas o las repetidas afirmaciones acusatorias en contra de México.
La amenaza:
“Si la presidenta de México no se pone las pilas, EE. UU. ya está preparando una invasión; es inminente. Se va a realizar una microextracción selectiva de funcionarios ligados al narcotráfico mexicano. EE. UU. no tolera a los corruptos de otros países”.
El “experto” de M. Sánchez quien, por cierto, tiene cientos de miles de seguidores ha escrito libros.
Libros que nadie lee (sus “seguidores” no leen, son manipulados) y que van a quedar empolvados en el desván por una razón: son libros escritos por mediocres, como Jorge Ramos; libros intrascendentes y aduladores, al igual que sus autores, vendidos al sistema de poder.
Los opositores, e incluso aliados de nuestro movimiento, celebran, se ríen y aplauden cualquier chiste misógino en contra de nuestra presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo. No hay que dejarse llevar por los rebuznidos de la oposición.
Aquí está la invitación a prepararse a conciencia para salir a motivar a la comunidad a participar en la vida política de nuestro país. La preparación nos ayuda a sostener nuestras convicciones con argumentos y también a reconocer cuándo un dato es falso o una crítica tiene fundamento.
