Udine, 17 de agosto 2026

130 años del natalicio de Tina Modotti

Participar este año en el homenaje a Tina Modotti frente a su casa natal en Udine no fue solamente un acto cultural o histórico. Para mí, como mexicano que vive en Italia y que ha acompañado durante años las luchas de los migrantes, fue una experiencia profundamente política y emocional.

Tina Modotti cartel
Tina Modotti cartel

En esa pequeña calle Pracchiuso, donde cada 16 de agosto se depositan flores y se recitan poemas, sentí que la vida de Tina volvía a hablarnos, no como figura del pasado, sino como una compañera de camino en el proceso de transformación que México atraviesa hoy.

Amigos de Tina Modotti
Amigos de Tina Modotti

La ceremonia fue sencilla, como siempre: flores, canciones, palabras compartidas entre italianos y varias nacionalidades. Pero este año, mientras escuchaba las intervenciones y veía a la comunidad reunida, pensé en cómo la historia de Tina —migrante, obrera, artista, militante, mujer que cruzó fronteras para comprometerse con un país en revolución— dialoga directamente con lo que México está intentando construir en pleno siglo XXI.

Flores a Tina Modotti
Flores a Tina Modotti

Tina llegó a México en 1923, en un momento en que el país buscaba reinventarse después de la Revolución. Su cámara registró aquello que no aparecía en los discursos oficiales: campesinos, trabajadores, mujeres indígenas, herramientas, manos, murales, luchas. Su mirada no era decorativa; era política.

Foto: Elegancia y pobreza Facebook Cultura UNAM
Foto: Elegancia y pobreza Facebook Cultura UNAM

Era una mirada que entendía que la dignidad se encuentra en lo cotidiano y que la justicia empieza por reconocer a quienes históricamente han sido invisibilizados. Esa sensibilidad, documentada por instituciones culturales mexicanas y recordada en el artículo de La Jornada, es la misma que hoy inspira a millones de personas en México que defienden un proyecto de país más igualitario.

Mientras escuchaba las palabras dedicadas a Tina, pensé en cómo su vida migrante también refleja la experiencia de tantos mexicanos que vivimos fuera. Ella dejó Udine por necesidad, igual que millones de familias mexicanas han tenido que migrar por razones económicas, políticas o sociales. Su historia nos recuerda que la migración no es una estadística: es una experiencia humana que transforma identidades, que obliga a reinventarse, que crea puentes inesperados entre culturas. Y esos puentes como el que une hoy a Udine con México a través de su figura son parte esencial de la transformación mexicana contemporánea, que reconoce por fin a su diáspora como actor político y cultural.

Francisco miramontes. "Su historia nos recuerda que la migración no es una estadística: es una experiencia humana que transforma identidades"
Francisco miramontes. "Su historia nos recuerda que la migración no es una estadística: es una experiencia humana que transforma identidades"

El homenaje también me hizo pensar en la importancia de la memoria. En México, la tumba de Tina en el Panteón Civil de Dolores necesita atención urgente, como señala el reportaje de La Jornada. Ese abandono es simbólico: nos recuerda que la transformación de un país no solo implica nuevas políticas, sino también un compromiso profundo con la memoria histórica, con quienes lucharon antes, con quienes abrieron camino. Honrar a Tina es honrar a todas las mujeres y hombres que imaginaron un México más justo cuando parecía imposible.

Hoy México vive un proceso de cambio que busca ampliar derechos, combatir desigualdades y fortalecer la participación social. No es un camino perfecto ni lineal, pero es un esfuerzo colectivo que, en muchos sentidos, recupera el espíritu de las luchas que Tina acompañó con su cámara y con su vida. Su militancia, su sensibilidad hacia los trabajadores y las mujeres, su compromiso con la justicia social, resuenan en las discusiones actuales sobre derechos, democracia, memoria y dignidad.

Por eso, estar ahí, frente a la placa de su casa natal, rodeado de italianos que la reivindican como hija de Udine e idealmente de mexicanos que la reconocemos como parte de nuestra historia, fue para mí un recordatorio poderoso: la transformación de México no ocurre solo dentro de sus fronteras. También se construye desde la diáspora, desde quienes llevamos el país en la voz y en la memoria, desde quienes seguimos tejiendo puentes culturales y políticos como los que Tina dejó sembrados.

El homenaje a Tina Modotti no es solo un acto de nostalgia. Es una afirmación de futuro. Es reconocer que México sigue cambiando, que sigue buscando justicia, que sigue apostando por la dignidad de los más vulnerables. Y es entender que figuras como Tina migrante, artista, luchadora, siguen siendo faros que iluminan ese camino.

Foto: Facebook Cultura UNAM
Foto: Facebook Cultura UNAM